las horas


Fuente perenne

de luminarias

fuente de aguas

baldía

se yerguen monstruosas

sobre cabezas de heraldos

desvencijado

yo y los días

yo y las horas

Las ramas lisérgicas


Carne de baldosas
pisadas del arte
indecorosas lisiadas
dominantes rudas
resbalan de mis ojos
las ramas que arden
lisérgicas

La vela de la ciudad amarilla


Un candelabro sobre mi cabeza
que la vela, derretida
que la cera, derramada
me quema la cara
me ahoga el grito
la casa no oye
quejidos
las puertas rotas se silencian
y las ventanas exhalan
la ciudad temblia
se apaga
la vela

La puerta sin firmas


Negro libro sin firmas
sin bibliotecas
nadie lee sus hojas blancas

Golpean a la puerta
las sombras y las rojas calaberas
y arrancan, con murmullo,
el adios.